• Orlando Salgado

Las redes humanas

Actualizado: 19 sept 2021



Durante cuatro mil millones de años, la vida en la tierra ha estado gobernada por las leyes de la selección natural limitada solo al reino orgánico. En este escenario, el ser humano, tal como lo conocemos en la actualidad, ha recorrido un largo camino durante el cual evolucionó desde el mono hasta convertirse en el rey de la creación. Así llegó a ser el protagonista de su propia existencia.

Como el último eslabón de la cadena de la vida, el humano pertenece a una de las pocas especies capaces de establecer lazos de unión, no sexuales, con miembros de su misma especie. Tiene la facultad de congregarse a través de sofisticadas redes de cooperación en las que la curiosidad ―aspecto emocional que da vida a la exploración, a la investigación y al aprendizaje― y la fragilidad ―amiga inseparable que lo ha hecho incuestionablemente vulnerable― han moldeado la historia de la humanidad escrita con grandes logros e imperdonables desaciertos.

Estas interacciones mediadas por el amor y el odio han sido las responsables de la proliferación de todo tipo de males. Es el precio que la humanidad ha tenido que pagar por el intercambio de ideas, bienes y servicios. Los virus se han aprovechado de nuestra manera de vivir en grupo para propagarse y, paradójicamente, gracias al extraño fenómeno de la amistad será la forma como se acabará con este mal, si compartimos información y trabajamos unidos.

Por otro lado, las redes sociales virtuales obedecen a muchos protocolos de las redes sociales presenciales. Como herramientas de comunicación, al igual que el teléfono, han fortalecido las interacciones sociales a distancia y han sido el medio más eficaz, en muchos casos, para la divulgación de información falsa y mentirosa que manipula la conciencia humana y la aleja de la verdad.

Además, la proliferación de los dispositivos electrónicos portátiles está cambiando la forma como el ser humano se relaciona con los demás y con el mundo. Ahora los genios de Silicon Valley compiten para entregar plataformas con juegos virtuales, de encuentros a distancia y de búsqueda de información irrelevante, entre muchos otros, que crean adicción y dependencia. La soledad, la frialdad, el silencio y el individualismo sirven de compañía a estos adictos virtuales de la postmodernidad, quienes sacrifican los encuentros presenciales con familiares, conocidos y amigos.

El notable incremento de máquinas dotadas de inteligencia artificial (IA) en los hogares, las cuales están al alcance de los niños, anticipa un mal presagio relacionado con los buenos modales, el respeto, las normas de cortesía y las palabras de agradecimiento. Este posible fenómeno, indudablemente, será un factor determinante en el deterioro de las relaciones interpersonales. Ahora una conversación con estos extraños robots no requiere de antesalas de buena educación para poder obtener una respuesta precisa a nuestras inquietudes, dudas e ignorancia.

Ojalá que las investigaciones adelantadas por sociólogos y humanistas como Nicholas Christakis ―director del laboratorio de Naturaleza Humana de la Universidad de Yale en Connecticut, EE. UU. ―, entre muchos otros que apuntan a encontrar la inmunidad contra las corrientes irreverentes que amenazan la racionalidad, permitan que la humanidad siga conservando la capacidad de que sus individuos, más que pertenecer a una especie, puedan convertirse en personas.

9 visualizaciones0 comentarios

Entradas Recientes

Ver todo