• Orlando Salgado

La escuela que la pandemia nos dejó



Señor Director

Cuando apenas empezábamos a entender las debilidades de los sistemas educativos relacionadas con los contenidos fosilizados, el instruccionismo y la despedagogización, la pandemia a causa de la COVID-19 obligó al cierre de la escuela presencial y nos refugió en la virtualidad.

A pesar de todo, fue necesario ser actores de este momento inédito en la historia reciente de la humanidad para añorar las bondades de esta escuela decadente. Este exquisito escenario continúa siendo la mejor alternativa para disfrutar de un mundo de muchas posibilidades. En lo humano: la mirada, el saludo, el consejo, el rostro, el cuerpo, la pluralidad, la diversidad, y la sensibilidad son irremplazables. A través de la interacción entre niños, jóvenes y docentes se negocian aprendizajes y conocimiento. Y con el debate, el foro, la discusión y la ponencia, que hacen parte de la cotidianidad, se estructuran seres inteligentes, éticos y con capacidad para hacerle frente al futuro.

Por otro lado, este camino recorrido por la virtualidad no solo nos dio a los maestros la oportunidad de familiarizarnos con la tecnología digital, sino que también nos convenció de que existen otras formas de dinamizar los aprendizajes sin sacrificar la esencia de la escuela presencial. En el siglo pasado, la radio fue el recurso utilizado para que, por medio de la educación a distancia, se llegara a la población cuyas condiciones geosociales impedían disfrutar la escuela.

Ahora algunas universidades que estaban anquilosadas en los programas presenciales han dado el primer paso. De hecho, sus departamentos de las TIC que son asistidos por profesionales competentes rediseñan las aulas de clase con tecnología de punta para dar vida a la educación híbrida, en la que la presencialidad y la virtualidad se toman de la mano.

En este momento, los niños y los jóvenes acuden a los horarios de clase desde casa con docentes que se encuentran en cualquier otro lugar de la geografía universal. Ambos, maestros y estudiantes, comparten información, conocimientos, talleres, preguntas y respuestas a través de encuentros sincrónicos y asincrónicos, y dotados de máquinas y plataformas que atenúan la angustia a falta de la pedagogía del contacto.

La inminente invitación de las autoridades educativas al aula de clase debe estar acompañada de sustanciales cambios en los procesos de enseñanza y de aprendizaje, de tal manera que se atiendan, en tiempo real, a los estudiantes que están al frente del maestro y a quienes se hallan lejos de él, garantizando a estos y aquellos los mismos derechos y deberes a través de la educación hibrida. Esta, indudablemente, será la apuesta del futuro.

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