• Orlando Salgado

EL MAESTRO, una luz para el camino.



Desde el inicio de la vida inteligente el maestro ha sido un imprescindible eslabón en la génesis y desarrollo de la cultura de las sociedades. Sus incansables pinceladas académicas y formativas nos dota de las herramientas que nos permite abrirnos camino y acceder a las necesidades básicas, para una subsistencia dignificante.

En todo momento la humanidad ha reclamado un docente comprometido con su entorno, que se proyecte como una persona orgullosa de su oficio y dispuesta a construir, con la comunidad, un mundo significativo para sus vidas.

Este escenario amerita un maestro cuyo discurso sea coherente con sus principios; un maestro que motive, oriente y aconseje; un maestro que recupere su lugar de privilegio a través de una imagen renovada como trabajador de cultura y como intelectual de la educa


ción; un maestro decidido a cambiar paradigmas a través de su auténtico apostolado; un maestro que se deje seducir y que asuma con responsabilidad, pasión y entrega la noble misión de formar niños y jóvenes para la vida; un maestro cuyo discurso iluminado por la tolerancia, la paciencia y el amor sea la constante en la interacción con sus estudiantes.

Amparado en su misión formadora, debe abrir espacios que motive a los educandos a mostrar sus fortalezas; en lo académico, debe inducir la consulta, la investigación, el foro y la participaciónr en procesos básicos como la argumentación, el pensamiento lógico y la interpretación.

Por otra parte, en el debate, debe ser un crítico de los cambios metodológicos y nuevas corrientes pedagógicas y estar dispuesto a lanzar juicios valorativos que sean el resultado de


un trabajo ético y responsable, acogiendo aquellas alternativas que nutren y fortalecen el ejercicio docente, con una mente abierta al desarrollo científico y tecnológico que son un soporte más en los procesos de aprendizaje.

En esencia, la incierta escuela del futuro, diagnosticada por el historiador y escritor israelí Yuval Noah Harari en su libro 21 lecciones para el siglo XXI, exige un maestro reinventado que renuncie a los contenidos fosilizados, a las pruebas estandarizadas, al instruccionismo y, que de paso, limpie el camino a la repedagogización, al debate, al foro y a


la discusión sobre los grandes problemas y retos que se ciernen sobre la humanidad: el cambio climático, las armas biológicas y nucleares, la biotecnología, el Big Data y la inteligencia artificial. En esta dirección albergaremos la esperanza de dejarles, como herencia, a las nuevas generaciones “mucha pobreza en cosas y en dinero y una gran riqueza en la práctica de los valores”, como sensatamente sugirió el Papa Francisco en la histórica y extraordinaria Semana Santa que acaba de concluir.

ORLANDO SALGADO RAMÍREZ

DOCENTE


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