• Orlando Salgado

El maestro: Un acto de amor y esperanza

Desde el inicio de la vida inteligente el maestro ha sido un imprescindible eslabón en la génesis, evolución y desarrollo de la cultura de las sociedades; sus incansables pinceladas académicas y formativas esculpen con conocimiento y con práctica, las mentes de los humanos, al donarles las herramientas que les permitirá abrirse camino y acceder a las necesidades básicas para una subsistencia dignificante.

Las bondades naturales del universo y las mentes brillantes que brotan de su vientre generan descubrimientos, inventos y el consecuente desarrollo tecnológico que conduce a cambios en los estilos de vida, en las siguientes generaciones; este escenario amerita un maestro que se deje seducir y que asuma la abnegada misión de formar niños y jóvenes para la vida.


Este maestro es el que renuncia, desde temprana edad, a los placeres de una vida cómoda y, aromatiza con desprendimiento y abnegación, los templos del saber; su discurso iluminado por el amor y la paz, es la constante en la interacción con sus estudiantes; con humildad y sencillez, y sin reclamar poder, reconocimiento o vanagloria, su mensaje, que nace del espíritu, invita a los estudiantes a liberarse de pensamientos, palabras y acciones que los debilitan y deprimen y, los convoca a visualizar una luz de esperanza para el futuro.

En el aula, la ley de los opuestos, fuente de nuevos conocimientos, es su libro de cabecera: la sabiduría y la ignorancia, el cuaderno y el libro, el smartphone y el ábaco, el tablero y los ambientes virtuales de aprendizaje, la tempestad y la tranquilidad, el apolo y el transatlántico, el capitalismo y el socialismo, el materialismo y la espiritualidad, el ayer y el hoy, lo fortalecen en su academia y le sirven de alumbramiento para dinamizar sus proceso de formación.



Hoy, se requiere un docente comprometido con su entorno social y escolar, que se proyecte como una persona orgullosa de su oficio y dispuesta a construir, con la comunidad, un mundo significativo para sus vidas; un maestro cuyo discurso sea coherente con la realidad, las experiencias y las necesidades; un maestro con nuevas propuestas pedagógicas que abran otras posibilidades de aprendizaje y faciliten la pregunta, la observación y la crítica; un maestro que motive, oriente y aconseje; un maestro que recupere su lugar, a través de una imagen renovada como trabajador de cultura, y como intelectual de la educación al ejercer un verdadero apostolado, para estar a la altura de las exigencias del mundo contemporáneo; conciente de cambiar sus paradigmas; su rol en el aula de clase debe manifestar innovaciones y abrir espacios que estimule a los educandos a mostrar sus debilidades y fortalezas con el propósito de asumir una posición formadora; en lo académico, debe inducir la consulta, la investigación y la participación en procesos básicos como la argumentación, el pensamiento lógico y la interpretación.


El maestro, además, debe ser crítico ante los cambios metodológicos y nuevas corrientes pedagógicas y lanzar juicios valorativos que sean el resultado de un trabajo ético y responsable, al aceptar aquellas alternativas que nutran y fortalezcan el ejercicio docente, al tener una mente abierta al cambio, y al estar a la par, con el desarrollo científico y tecnológico que son un soporte más, en el proceso del aprendizaje.


ORLANDO SALGADO RAMÍREZ

osalgador@iuc.edu.co

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